Etapa inicial de un proyecto: el punto de partida

Llegado el momento de implementar los proyectos, lo primero con que nos encontramos es con tres etapas diferenciadas: punto de partida, tareas de investigación y finalizamos el proyecto.

Estas tres etapas responden a lo que conocemos como secuencia didáctica. Una secuencia didáctica no es más que una guía de actividades ordenadas de forma coherente con el objetivo de que el alumnado alcance los aprendizajes propuestos. Para este fin, se establecen una serie de fases: la fase inicial, la fase de desarrollo y la fase final.

Cada una de estas fases se ocupa de una función específica dentro del proceso de aprendizaje: la fase inicial prepara a los alumnos y alumnas para el aprendizaje, en la fase de desarrollo se proponen diversas actividades con el objetivo de introducir y trabajar nuevos contenidos, y la fase final se encarga de evaluar y reflexionar sobre los aprendizajes logrados.

A continuación, vamos a ver algunas orientaciones y ejemplos de cómo plantear las actividades del punto de partida de un proyecto.

¿Qué tareas desarrollamos en el punto de partida de un proyecto?

Una de las primeras tareas a desarrollar en la secuencia didáctica de un proyecto es presentar el tema de forma motivadora. Para ello podemos ayudarnos de vídeos u otros recursos multimedia y procurar acercarnos a la realidad del alumnado, iniciando un debate o haciéndoles preguntas sobre qué piensan, si viven o han vivido alguna situación similar a la sugerida, si se habían planteado alguna vez el problema tratado, etc. Por ejemplo, si trabajamos el proyecto «Me siento bien», sobre hábitos saludables, podemos empezar con algún vídeo sobre deportistas famosos y preguntar a los alumnos cómo mantienen su estado de forma, si es saludable la vida de un deportista de élite…

Tras presentar el tema nos será fácil enlazar con la siguiente actividad de la secuencia: evaluar y activar sus conocimientos previos. Es importante tener en cuenta que cuando hablamos de evaluar no lo hacemos en el sentido habitual de la palabra: no calificaremos ni corregiremos, sino que simplemente recopilaremos información sobre el nivel del alumnado y, a la vez, estimularemos sus conocimientos previos sobre el tema del proyecto.

Para lograr nuestro propósito podemos comenzar planteándoles unas sencillas preguntas que, posteriormente, conduzcan al debate. Por ejemplo, si estamos trabajando el proyecto «Nuestros amigos los animales», podemos interesarnos por el último animal que han visto: ¿dónde lo vieron?; dicho lugar, ¿es su hábitat natural?; en caso de que no lo sea, ¿cuál es su hábitat?; ¿conocen otros animales que vivan en el mismo hábitat?; ¿qué otros hábitats conocen?, etc.

Seguidamente, realizaremos actividades para compartir objetivos de aprendizaje y criterios de evaluación, es decir, explicaremos a los alumnos qué se espera de ellos y cómo queremos que lo consigan. Los mapas conceptuales son útiles para esta parte de la secuencia de aprendizaje, así como para activar los conocimientos previos de los alumnos y detectar las lagunas existentes. Dichas lagunas se pueden expresar en forma de objetivos de aprendizaje mediante la pregunta: ¿qué queremos aprender y todavía no sabemos? Otro uso de los mapas conceptuales es mostrar al alumnado la relación entre sus conocimientos previos y aquellos que esperamos conseguir con el proyecto.

Una vez nuestros alumnos y alumnas tengan claro lo que se va a trabajar en el proyecto debemos darles tiempo y espacio para planificar las acciones o tareas necesarias para dar respuesta a la situación inicial. Para ello les propondremos un tipo de actividades conocidas como «bases de orientación», es decir, un listado ordenado de las acciones necesarias para realizar un proceso, en este caso, las tareas que componen el proyecto.

Una manera eficaz de desarrollar en el alumnado habilidades y capacidades relacionadas con la autonomía personal consiste en implicarlo en la planificación. Puesto que Santillana Proyectos ofrece el listado de pasos a seguir en cada proyecto, podemos proponer a los alumnos que lo revisen o bien que lo comparen con el listado que ellos mismos hayan elaborado. A medida que va avanzando el proyecto se puede ir comprobando la planificación de los alumnos y acabar de ajustar aquello que sea necesario.

Como veis, la fase inicial de un proyecto tiene como objetivo preparar a los niños y niñas para el aprendizaje. Santillana Proyectos ofrece diversas actividades que responden a este requisito, pero recordad que podéis ampliar y añadir otras actividades para adaptarlas a vuestro alumnado.

Os animamos, pues, a poner en práctica alguna de estas actividades y a que nos expliquéis cómo las habéis realizado y cuál ha sido el resultado.



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