¿Qué es la evaluación formativa y formadora?

A la hora de hacer la programación del curso, ¿en qué momento solemos diseñar las actividades de evaluación? En muchos casos es al final de los procesos. Pero ¿no deberíamos diseñarlas de forma paralela a las actividades de aprendizaje, investigación, etc.?

En el caso de la secuencia didáctica de los proyectos sucede lo mismo, que una vez finalizada es cuando nos planteamos la necesidad de evaluar ciertos contenidos. Y no es una práctica incorrecta realizar la evaluación al finalizar la secuencia de aprendizaje, pero no debe ser la única opción si queremos asegurar que los aprendizajes sean significativos, de calidad y duraderos.

Así pues, a la hora de evaluar podemos hablar de diferentes momentos, agentes e incluso distintas intenciones.

En este artículo nos vamos a centrar en la evaluación que solemos olvidar: la evaluación del proceso o evaluación formativa y formadora.

¿En qué consiste la evaluación formativa y formadora?

La evaluación formativa y formadora es aquella que busca recoger datos durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de forma continua y significativa. Veamos los matices de cada una de las partes.

Como se puede deducir, la finalidad de este tipo de evaluación es asegurar que el proceso de aprendizaje del alumnado siga un ritmo apropiado y se cubran las necesidades específicas de cada uno. Esta evaluación tiene la clara intención de ayudar, con procesos, instrumentos y actividades, a la mejora del aprendizaje.

Y nos preguntaremos, ¿cómo se aplica en los proyectos?

Para aplicar la evaluación formativa y formadora en los proyectos deberemos tenerla presente en sus diferentes fases. Esto no quiere decir que debamos estar recogiendo datos todo el tiempo o evaluar continuamente, sino que lo que se nos exige es organización y previsión.

Podemos sugerir actividades complementarias a las propuestas en Santillana Proyectos que nos ayuden a recoger la información específica que queremos conocer de nuestro alumnado, o bien seleccionar de las actividades ya creadas las que usaremos para obtener la información que nos interesa a la hora de hacer el seguimiento del proceso de aprendizaje de cada alumno o alumna.

Por otro lado, para fomentar la evaluación formadora, es decir, la que ayuda al alumnado a su propia autorregulación, podríamos considerar hacer una pequeña lluvia de ideas colectiva al finalizar cada sesión sobre qué hemos aprendido, qué no ha quedado claro y qué aspectos queremos trabajar de forma inmediata el siguiente día. Las conclusiones podrían recogerse después en forma escrita por grupos (en modo de mapa conceptual, acta o cualquier otro método que os parezca ameno). Esta tarea de autorregulación también se puede desarrollar con los ejercicios de autoevaluación que encontraréis al final de cada tarea de Santillana Proyectos.

En la evaluación formativa y formadora es importante que haya variedad de actividades. Es decir, el ejemplo dado anteriormente es bueno para ir alternando en algunas sesiones, pero para que la evaluación sea efectiva no debe hacerse siempre la misma actividad.

¿Qué papel tiene el profesorado?

Las decisiones que se pueden tomar o por las que se propone reflexionar dependen, claramente, del nivel madurativo del grupo. No obstante, esto no impide que los más pequeños puedan trabajar la evaluación formativa perfectamente, solo es necesario programar acciones que vayan evolucionando paralelamente con los propios niños y niñas en su proceso madurativo.

Se trata de potenciar y promover la «naturalización» de la evaluación. Eliminar ese papel único de juzgar y buscar el error, y sustituirlo por el momento del proceso en el que cuando detectamos un problema (profesorado y alumnado) trabajamos para su mejora y superación.

Algunos elementos clave para poder desarrollar una evaluación formativa, formadora y, en conjunto, constructiva son:

  1. Compartir los criterios de evaluación desde el principio, así nos aseguramos de que los alumnos y alumnas saben no solo cuándo se los evaluará, sino también sobre qué aspectos en concreto.
  2. Consensuar herramientas y agentes, haciendo que así se tomen corresponsabilidades.
  3. Crear instrumentos fáciles de usar y con los que extraer información.
  4. Realizar una reflexión sobre qué ha pasado y cómo se puede mejorar.

La evaluación formativa y formadora busca dar pistas, herramientas o momentos de reflexión a través del proceso continuo. Es aquí donde tenemos capacidad el equipo docente y los propios alumnos y alumnas de tomar decisiones que nos ayuden a potenciar o corregir procesos para la mejora del aprendizaje.

¿Aplicáis estos aspectos en vuestro desarrollo en el aula? Explicádnoslo.



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